Siete beduinos

Clausura oficial y (¿)definitiva(?)
Jueves 3 de mayo de 2007.
 

Era invierno en el desierto de Avilés. Dos beduinos conversaban animadamente alrededor de una cerveza.

-  Pues tenía una idea rondándome la cabeza
-  Cuenta, cuenta
-  Pues esta ciudad es un desierto y entonces lo chulo sería hacer una web, y un boletín semanal.
-  Oye, cuenta, cuenta, cuenta conmigo.

Ya se sabe como funcionan estas cosas: primero es la de dios y luego se queda en nada. Así que había que arrejuntarse con más personal para hacer piña, y poder llevar el trabajo repartido, y tener más garantías de que no se quedase en agua de borrajas.

Varios beduinos más se unieron. Algunos escribían, otros dibujaban, todos tomaban cervezas los viernes de noche. Les gustaba la música (en directo y de la otra), se escapaban al teatro si podían, se preguntaban por qué en Avilés había tan poca oferta cultural y tan mal promocionada. Quizá entre todos pudieran hacer algo que mereciera la pena recibir en el correo electrónico.

Convocaron un contubernio de disidentes culturales y se pusieron a escribir. A veces hacían fotos, otras hablaban con la gente. Por momentos parecía una buena idea que sólo podía crecer. Y creció. Publicaron 75 textos que creían que merecía la pena leer. Durante casi 8 meses salieron puntualmente cada quincena.

A lo largo de todos esos meses, hubo altas, bajas, y modificaciones en la plantilla.

Un beduino dijo: "Vais demasiado rápido para mí". Se sentó a un lado, deseó suerte, abrió una botella de sidra. Los 6 beduinos continuaron su camino.

El ritmo siguió normalmente, con 6 personas para tirar del carro parecía suficiente. Pero un beduino dijo: "Hay que ganarse la vida. He empezado a trabajar y cuando llego a casa apenas tengo tiempo para el capuchino, por no decir para acompañaros en la travesía de los bares y conciertos". Quedaban 5 beduinos caminando por la calle.

Más adelante, un beduino dijo: "Han convocado mis oposiciones. Necesito dejarme los ojos en los apuntes para poder ser un beduino funcionario. No puedo caminar por el desierto sino buscar una palmera para estudiar bajo su sombra." Ahora había 4 beduinos subiendo y bajando dunas.

Muy pronto, otro subedunas se apeó del carro : "Hay más cera que la que arde bajo el sol del desierto. No puedo hacer una dieta únicamente de dátiles y cervezas." 3 beduinos avanzaban hacia el sol poniente.

Con 3 firmas en cartera, la nómina era mucho más ligera aunque aún tendía a 0. Se redujo el número de artículos, se empezó a pensar en abrir la plantilla, se empezó a verlas venir.

En verano llegaron las vacaciones forzadas. Sería porque en esas fechas la ciudad se parece menos a un desierto. O sería porque los beduinos una vez rota la rutina invernal le dedicaban el tiempo al ocio por otros derroteros. Sería por lo que sea, el caso es que el calor paralizó la actividad.

No hubo retorno. Septiembre pasó de puntillas. Los beduinos se reunieron y analizaron su situación. Querían tirar para adelante, pero antes, habría que soportar nuevas deserciones.

Un beduino dijo: Siento la llamada de otros desiertos lejanos y europeos. A ver qué se cuece por allí. Cojo las maletas y dejo la senda de los que beduinos han sido. 2 beduinos se quedaban en ruta.

Un beduino dijo: He visto la luz. Lo de escribir es lo mío y lo tengo que perfeccionar. La capital será destino de mis pasos. Pero, claro, no podré escribir para el desierto. Nos queda sólo un beduino.

Un beduino dijo: Cabrones, me habéis dejado solo. Haré lo posible, pero en la oficina me tienen hasta las mil. A ver qué se puede sacar.

Era, de todas formas, un trabajo en equipo.


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